martes, 3 de marzo de 2015

Un buen día. Historia de Zeinep.


Ser músico y amar sus letras en inglés ofrece muchísimas ventajas. Componer y escribir en este idioma aún más.

Toda sombra fue disipada al ver a mi amigo de la universidad esperando en el aeropuerto de Ankara. Ser biólogo, también tiene sus ventajas; quizás más que nunca, ya que en aquel preciso terminal muy pocos hablaban la lengua británica como segundo idioma. Tanto Javier, que algo había aprendido de turco, como su amigo, nativo, fueron claves para solventar el último desastre del efecto Göreme. Sabiendo que las maletas llegarían al piso donde iba a vivir, abandonamos el aeropuerto, lo que supuso el inicio de la exploración de la ciudad. Pocos edificios de interés existen en la capital de Turquía, ya que la gloria del antaño imperio Otomano se concentraba en Estambul. A pesar de esto, muy a menudo, el mayor interés acerca de un lugar reside en sus gentes. Eh aquí una divertida descripción:

1.       Primera lección: Los turcos no saben conducir; al menos la mayoría de ellos. Sobrepasar los límites de velocidad y a la vez enviar mensajes a través de su teléfono móvil es una habilidad demasiado aprendida, por desgracia o suerte de las compañías de seguros. Pocos saben de la utilidad de un intermitente y casi ninguno, del significado real de aquellas líneas blancas llamadas en su conjunto “paso de cebra”. Cruzar la calle es un deporte de riesgo que a diario practican niños, adultos y ancianos ¿Quién dijo que hacer alpinismo es peligroso?

2.       Segunda lección: Les encanta expresar desagrado e inconformismo a terceras personas. Tienden a girar negativamente la cabeza, mientras pronuncian una irritante onomatopeya, tal que “t, t, t”. Pobre de aquel que sea señalado. No me gusta meterme en la vida de otros si es con una connotación negativa o destructiva, sin embargo, esto había que contarlo. Lanzada la piedra, toca hacer lo propio con la de nuestro tejado: puede que no hablemos en turco y que no sea nuestra costumbre hacer el gesto anteriormente señalado, pero en un gran pueblo llamado Sevilla, hablar de otro, tampoco es una excepción (éste es un claro ejemplo).

3.       Tercera lección: los turcos, por norma general, son muy acogedores y solidarios. Quizás sea éste un sello muy mediterráneo. Puede que no se lleven bien en lo político con buena parte de sus países vecinos, pero quizás esto sea más fácil de entender si los nombramos: Siria, Iraq, Irán… no son precisamente unas naciones de fácil trato en los tiempos que corren. Si miramos al norte, el ambiente tampoco es muy alentador con Ucrania y Rusia, y en el oeste, Europa no es precisamente un nido de santos.

4.       Cuarta lección: la religión predominante es la musulmana, al igual que en España es la cristiana. Ambos países tienen la suerte de que la mayoría de su población es no practicante, o sólo lo hacen en las festividades principales. No existe ninguna diferencia entre un cristiano y un musulmán; tal vez sí en la arquitectura de sus templos. Otra cuestión a discutir sería la influencia durante décadas o siglos, de incontables librepensadores, los cuales no tuvieron pudor a la hora de cuestionar ciertas costumbres, que poco a poco y  afortunadamente, fueron desapareciendo (o siguen desvaneciéndose) en Europa. En Turquía también, mas puede que marchen unos pasos por detrás en materia de libertades e igualdad de la mujer (España tampoco está a salvo de esta crítica) ¿Qué sucede con los radicales? Como en Europa, son minoría, pero muy ruidosos. Unos usan la violencia económica y otros la física. Deberás respetar siempre sus ideas y su opinión, mas nunca harán lo propio contigo ¿Existen diferencias entre radicales religiosos y políticos? Sólo algunas frases de su discurso ¿Qué tienen en común? Un profundo amor, apego o justificación del uso de la violencia, más una nula capacidad de reflexión y de diálogo coherente con el que es diferente (25/02/15).   

En resumidas cuentas, sólo la arquitectura  de los templos y la enorme distancia entre el turco y el castellano nos harán percatarnos de la enorme distancia a la que nos encontramos. Físicamente, los españoles pueden hacerse pasar por turcos, y ellos por españoles. Tal vez en España haya mayor porcentaje de rubios ¿pero a quién le importa el físico en este tipo de cuestiones? Como pueblo mediterráneo, los turcos son gente apasionada, sin pudor de hablar con un alto volumen de voz y, por supuesto,  adicta al fútbol. Y no sólo amaban la liga turca; también la española. Antes de llegar a Turquía, imaginaba que sería fácil que supiesen del Real Madrid o Barcelona; lo que llegó a sorprenderme fue llegar a ver en bares  partidos en directo de equipos como el Real Valladolid o el Espanyol y que en el colegio donde trabajaba, los alumnos se supieran la plantilla del Sevilla F.C antes de que supieran que era seguidor de este equipo.
 
Gracias a aquel largo camino pude compartir mis pasos con gente fascinante. Algunos y algunas, permanecerán en la memoria con gran amor y cariño, comenzando por Irem, a quien deseo volver a ver pronto. No puedo olvidar en ningún momento en esta lista a la espero, futura mujer de mi gran amigo Javier, Ipek. No menos indelebles se hallan parte de la plantilla de Aktif Koleji, como el gran músico Ercan Bingol; Ebru, Murat, Kemal y muchos otros. También permanecerán en la memoria Erenay y Aysin, de Just English, donde también di clases. Y como no, a la 230 Band, quienes tendrán un capítulo exclusivo para ellos. No he mencionado a los españoles allí presente por la singularidad de este capítulo, más siempre que estuve con ellos compartí momentos muy agradables. Para cerrar esta sección, me limitaré a recordar a gran parte de mis alumnos, siendo éste el prolegómeno al tema central de este capítulo.

Llegado a este instante, es el momento de hablar de la estudiante que me convirtió en alumno. Alumno de la vida, asignatura a la cual deberíamos dedicarle más tiempo todos (26/02/15).

Sería muy aburrido hacer una introducción acerca de cómo encontré el trabajo en Aktif Koleji. Quizás no tanto si hablara de esos días en los que enfermé y sucedieron otras cosas; aun así, nos alejaríamos tanto del tema principal, que la historia de Zeinep casi parecería una mera anécdota. Sin más preámbulos, nos encontramos ejerciendo de profesor de inglés y español en Aktif Koleji, un colegio privado de la capital. Las clases de español eran las clásicas lecciones de idiomas que un alumno puede esperar. Sólo tenían el hándicap de que éstas no se impartían en turco, sino combinando español con inglés. Pese a la cercanía del idioma materno, no eran éstas mis clases preferidas. Contra todo pronóstico, el rol que ejercía en la asignatura de inglés me daba alas en el campo de la creatividad educativa. Mientras mis compañeros turcos se encargaban del “trabajo sucio”, explicando vocabulario y gramática, servidor tenía una misión especial: visitar todas las clases (desde lo que sería en España 4º de ESO, 1º y 2º de Bachiller) una vez por semana, y generar un espacio de conversación. Un lugar donde podían llevar a la práctica toda la teoría que aprendían en las clases convencionales. Existía un libro didáctico, con los clásicos tópicos para conversar, que poco o nada incitan al interés del profesor y del alumno. Este tipo de seguimiento era bastante práctico, allá donde el nivel de inglés no era bueno, pero ¿qué pasaba si en las mejores clases dejaba en la estantería aquel volumen y creaba un auténtico espacio de debate? Los alumnos ya no eran niños de 8 o 10 años; eran adolescentes entre 15 y 17, deseosos de tener el don de la palabra y el reconocimiento de un adulto. Algunos debates eran reales y otros simulados. Fueron estos últimos los que tuvieron mejores resultados.
    
Un buen día, martes o miércoles para ser exactos, era el turno de visitar “9 Fen”. Para todo aquel desconocedor del sistema educativo turco, hablábamos de un 4º de la ESO en una modalidad especial de ciencias. A priori, los cursos de quinceañeros solían ser los más difíciles a la hora de generar un verdadero debate; como era de esperar, las mejores clases para ello solían ser aquellas donde estaban a punto de conseguir la mayoría de edad. Pese a ello, aquel día iba a ser una grata y gran excepción; el momento que incluso los “esquemas contrastados” de un “adulto” dieron a pique, al enfrentarse cara a cara con el verdadero rostro de una realidad.

El ejercicio era muy sencillo y a la vez complejo: dos alumnos eran escogidos para salir a la pizarra. Ambos se colocaban en sendos extremos de ésta, quedando separados por una raya de tiza. En la mesa del profesor, abandonada, para que pudiera tener una mejor perspectiva del debate, deberían escoger un papel doblado, en cuyo interior existían dos opciones enfrentadas. Los alumnos deberían defender una de esas ideas, tratando de convencer al profesor y a los otros alumnos que su opción era mejor que la del compañero. Por ejemplo, si al abrir el papel salía la opción “fútbol vs baloncesto”, a los chicos se le planteaba la siguiente cuestión: “sois representantes a nivel nacional de la competición de liga de vuestro deporte. Estáis reunidos conmigo (profesor). Permítanme que me presente. Soy el director de una cadena de televisión y vengo a comprar los derechos televisivos de uno de los dos deportes. Debéis convencer al equipo de directivos (resto de alumnos) y a mí de que la emisión de partidos de vuestro deporte es la mejor opción para la compañía. Así, los alumnos comenzaban a defender sus ideas, sin importar que realmente estuvieran de acuerdo o no. No estaban de acuerdo sus gustos, sino unos supuestos intereses económicos, la defensa de su puesto de trabajo o simplemente su capacidad de convicción.

De regreso a “9 Fen”, dicha actividad marchaba con total normalidad. Se trataba de una clase muy numerosa, siendo además una de las aulas más diversas en cuanto al nivel académico de los propios estudiantes. Ignoro si era cuestión del sistema educativo turco, o bien una política del colegio; fuera como fuera, los alumnos no sólo estaban divididos por ciencias o letras, sino también por el expediente académico que poseían. Existían entonces las clases de los sobresalientes, los normales, y por último, la de aquellos que peleaban, o no, por un mero suficiente. De una manera u otra, aquella clase era una de las más diversas; quizás la más parecida a lo que yo recordaba de una clase española.
En “9 Fen” había dos estudiantes que destacaban por sus notas: un chico y una chica. Ella era Zeinep.
Sin ser psicólogo y sin tener todos los conocimiento acerca de esta logia, una de mis extrañas aficiones es la de detenerme a observar y analizar a la gente. Sea quien sea; a veces sólo es una mera diversión, sentado en el metro y preguntándome por la vida de alguno de los extras presentes en dicho escenario. Una de mis principales conclusiones en la corta experiencia que poseo, es que cada persona es completamente diferente, pese a que muchos se guían por ciertos patrones. Son estos los dudosos métodos de clasificar a la gente. Dudosos por su tremenda injusticia, ya que escoger sólo unos pocos filtros hacen pasar por alto la mayoría de estos, y la imagen final resulta estar muy desfigurada.

En medio de aquella distorsión se encontraban mis ideas acerca de la guerra de Siria e Iraq. Todo cuanto uno puede imaginar acerca de la guerra, cuando afortunadamente nunca se ha vivido, es una especie de espectáculo pirotécnico y cinematográfico, donde existen actores protagonistas y antagonistas. Unos son los héroes y los otros son los villanos. Limitamos la visión a menudo, centrándonos sólo en los soldados y civiles que empuñan las armas  y en las espectaculares explosiones que derriban edificios, sin ser conscientes que probablemente habría vidas inocentes dentro. Disfrazamos la realidad de las víctimas; la maquillamos o incluso justificamos ¿Pensamos quizás que son minorías? ¿Pequeños daños colaterales? Casi accidentalmente, aquella mañana pude vislumbrar los otros lados de la verdad.

Zeinep era una chica especial: sonriente, atenta, participativa en clase… sin embargo alrededor de su mundo parecía existir un halo de soledad. Todos sabemos qué ocurre con las personas especiales en las aulas y en otros escenarios; no se sabe si son las mayorías o las propias individualidades los que generan ese vacío; tal vez sea la suma de ambos factores. Zeinep disfrutaba aprendiendo y al andar ese camino, no podía hacer otra cosa más que lucir una gran sonrisa ¿Sería ésta la razón del cisma con sus compañeros? Cierta vez me resultó muy triste verla haciendo los deberes de toda la clase, mientras el resto se divertía socializándose en el cambio de clase ¿Esperaba de este modo obtener reconocimiento? ¿Rellenar el abismo? La soledad pocas veces es deseable, incluso para aquellos que necesitan andar su propio camino.

Dejando esto atrás, al igual que su nivel académico, sus conocimientos de inglés eran muy buenos. Había reservado su turno junto con el otro mejor estudiante de inglés para el ejercicio anteriormente citado. El azar, a menudo acusado de jugar a ser destino, quiso esta vez hablar de petróleo y energías renovables como solución energética para un país. Tuvo tanto éxito aquella defensa, que apenas un instante, aquel debate ficticio se convirtió en uno real. Pocas veces aquella clase fue tan participativa. Dicen que los locos y los niños siempre dicen la verdad. Un adolescente de quince años puede empezar a ocultar muchas cosas, mas aún son capaces de mostrar enormes impulsos de sinceridad. Justo en el momento que alguien relacionó el petróleo con el interés económico surgió el concepto de la guerra. Conocían muy bien un gran ejemplo: Iraq. Nuestra capacidad de filtración nos llevaba de nuevo a la superficie; a todos menos a ella.

Zeinep había visto lo que muchos no; ella era iraquí. Tendría sólo cinco años cuando aquella inocente niña caminaba por calles repletas de cadáveres en Baghdad. Ese fue su testimonio; fugaz y certero.

Mientras muchos en España y otros rincones del mundo se manifestaban en contra la invasión a Iraq, otros se frotaban las manos, sin importarles el precio que pagarían miles o millones de inocentes. Desde la tele se ven fuegos artificiales; en el mismo lugar, el terrible adiós de aquellos que se marcharon, y las cicatrices de los aún presentes. Sin embargo, hubo algo que afortunadamente no se incluyó en el precio de un flamante yate y una lujosa limusina. La inocencia y la sonrisa de aquella chica. Ojalá otros terceros nunca roben alguna de ellas…


Por cada constructor de sueños, existen diez deseando derribar lo creado con amor y esfuerzo (02/03/15).   

Daniel Villanueva
Fotografía: se define como "navaja de
 Ockham" o "principio de parsimonia",
aquel fenómeno cuyas teorías, en igualdad
 de condiciones, es la más más sencilla la
que suele ser más correcta. Sencillez no es 
igual a falta de argumento. En su sencillez
debe estar implícita la capacidad de una res-
puesta coherente a todas las cuestiones que
 surjan. La ficción es fácil de imaginar 
difícil de explicar; en sus lagunas reside su
extrema fragilidad frente al pensamiento.

miércoles, 25 de febrero de 2015

La maldición de Göreme. Historias que se retrasan; historias que vuelven; historias que empiezan.


Déjame que responda a esa cuestión: sorpresas; gratas e infaustas sorpresas. Aquellas que nunca nos dejarán indiferentes; que nos harán plantearnos aún más preguntas. En ese giro constante, hubo un tal Coriolis empeñado en hacer ver al mundo que para alcanzar una meta, como el viento, estaremos condenados a dar un rodeo. Así, muchas veces, cuando estamos seguros de hacer realidad lo planeado, las nubes hacen perder de vista el objetivo y hacernos pensar que estamos más lejos que nunca de él.

Ya que dicho efecto “nada” tiene que ver con el agua o el viento en respuesta al giro planetario, permítanme  ponerle nombre a semejante fenómeno: será la maldición de Göreme.
Göreme es un maravilloso pueblo situado en el corazón de la Capadocia. Se trata de uno de los principales núcleos turísticos de Turquía, por su legado histórico y su singular paisaje. Si había un lugar en este país que más deseaba visitar, ese no era más que éste. Sin embargo, cualquier supersticioso habría abandonado toda esperanza de poder viajar a la Capadocia, cuando, siempre que tenía planeado dirigirme a ella, surgían catastróficas desdichas. La primera vez, el coche en alquiler que tenía reservado, sufrió un accidente de tráfico (nada especialmente raro en Turquía) la noche anterior a la recogida y partida. Primer aviso. La segunda vez, caí gravemente enfermo a causa de una infección bacteriana, la cual, me tuvo tres días “delirando” con 40ºC de fiebre, más dos días con 38ºC, de propina. Podríamos contar terceras ocasiones los fines de semana siguientes, ya que, dicha infección no sólo había afectado a mis cavidades paranasales, sino, más gravemente a mi bolsillo. No habría manera de salir de Ankara hasta que no cobrara y me recuperara económicamente, lo que tardó aproximadamente un mes y medio a partir de aquel momento. Pasado por fin ese tiempo, tuve que jugar a engañar al destino (¿o éste me engañó a mí?) para armarme con la inseparable mochila y dirigirme rumbo a la estación de autobuses. Inicialmente me dirigía a otro lugar, mas esa “fatídica noche” no parecía haber billetes para ninguna parte. Coriolis o Göreme hacían acto de presencia de nuevo. Sin embargo, tal vez la magia o el empecinamiento de quien no cree en esas cosas, hicieron que pudiera inventar una escala milagrosa a Nemrut, cuyo regreso, no en vano, me harían pasar por la soñada Capadocia. El destino, enterado de aquello, sintió una tremenda sed de venganza: en el autobús que me llevaba a Nevşehir, última escala para Göreme, un té recién servido cayó sobre mi barriga, abrasándola. También, un par de caballos, ya en tierras de hititas, me hicieron jugar un par de malas pasadas. Sin embargo, todo esto será una futura historia.

Expuesto el efecto Coriolis o la maldición de Göreme, ahora viajamos al aeropuerto de Estambul, un 3 de Febrero de 2014. Ha anochecido, y previo a aterrizar, el avión nos había regalado unas increíbles vistas de la ciudad iluminada a los pasajeros. Tan grande es, con sus más de dieciséis millones de habitantes, que los límites de esta metrópolis se pierden de vista, a excepción de los establecidos por el Bósforo y el Mármara, generando un contraste de luz y oscuridad; asombro y temor. El pequeño aventurero viajaba muy lejos, mas la meta era bien distinta: alcanzar Turquía; encontrar trabajo; forjar una nueva vida. Sin los colchones o los pinchos de una familia; sin la música (al menos por un tiempo); sin muchos círculos, y a pesar de todo, con la presencia de un gran amigo (a juzgar por sus méritos) esperando en Ankara – No iba a estar solo al fin y al cabo – me dije.

Una vez pisé el aeropuerto de Estambul no conté con Göreme, el cual se había disfrazado con forma de control de pasaporte. Todas las luces de la ciudad se volvieron sombras al saber que, la eterna espera en la cola del control, me habían hecho perder el vuelo con destino Ankara. Por un instante, la soledad se había convertido en una perversa compañera; más adelante hablaremos de ella. Sin conocer el aeropuerto, no sabía de antemano que el aeropuerto poseía una terminal para vuelos internacionales y otro para nacionales. Quizás, sabiendo esto habría podido coger ese vuelo, el cual aún lucía en los carteles con un inquietante “Last call”; sin embargo lo más sensato habría sido escoger una escala con mayor tiempo de espera entre un vuelo y otro. El mundo se hizo enorme y me sentí tremendamente pequeño; miré atrás, fingiendo vislumbrar el pasado, allá en el confort de lo seguro y conocido: allí estaban amistades; noches de concierto; amores del pasado; experiencias inolvidables ¿Éste era su final? Respirando hondamente, abandoné esa espiral de ansiedad y me dirigí al lugar que sabía, debía encontrar.

La compañía aérea, tenía su oficina abierta, y sus empleados, por suerte, hablaban inglés perfectamente. Todo cuanto debía hacer era esperar al siguiente vuelo con destino Ankara, que partiría tan sólo una hora después. No iba a ser un grave problema al fin y al cabo; algo tan insignificante no iba a destruirme. No obstante, aquel segundo vuelo resultó ser mucho más sombrío: las azafatas y el capitán sólo hablaron en turco. Estuve relegado al último asiento del avión, temeroso de que éste se llenara por alguna circunstancia y tuviera que abandonarlo en espera de otro donde sí hubiera libre. Tras el despegue, sabía que había abandonado Europa para introducirme en Asia, viajando desde un túnel donde nada se podía divisar hasta que pudiera salir de él. Incertidumbre; dudas; impaciencia; espera.

Algunos de los pasajeros me miraron con curiosidad; yo también a ellos. Bienvenido a Turquía; un lugar muy alejado de la natal España. Tu nuevo hogar ¿Llegarás a sentirte como en casa? Mejor dicho ¿Podrás hacer una casa? Poco había podido arrancar de mi identidad material, para no exceder los 30 kilos de peso permitidos en el equipaje. 30 kilos que sufrieron además del efecto Coriolis, disfrutando de un día de vacaciones de más en Estambul ¡Magnífico! (23/02/15)

Daniel Villanueva
Fotografía:
Göreme de noche, un 18 de Mayo de 2014

sábado, 21 de febrero de 2015

Partida. Prólogo de un ensayo de aventuras.


Muchos pensamientos precisan de reflexión; otros sin embargo deberían escribirse nada más se idean ¿Qué hacer cuando una vez ha transcurrido casi medio año de incontables experiencias, todas se agolpan y no se sabe definir cuando terminan algunas y otras comienzan?

Cientos, miles… incontables individualidades de vidas compartidas pululan en sus independientes mundos en el aeropuerto de Schiphool. Todos aguardan unos instantes de inconexa convivencia el momento de sus inminentes capítulos; una parte quizás estarán en mitad ellos ¿Es esto así? La vida humana pues, es aquel libro cuyos capítulos se escriben a la vez: unos concluyen; otros no. Sin embargo, habrá tantos finales como uno los sienta.

Semejante disparidad global, del mismo modo que aleja el argumento de este ensayo de aventuras, igualmente lo acerca a su contenido. Pues ¿qué son las vivencias sin los sentimientos? Una roca puede ser todo lo que un consciente o subconsciente quiere decir: para unos pueden ser simples piedras; otros los llamaron oro o diamante. Sentimientos; emociones… sanos e insanos; justificados e imposibles.

En este mismo día, mi cuerpo , mente y corazón se hallan impacientes y dispuestos a cerrar el capítulo que alguien, llamado “Nadie”, quiso nombrar Turquía.

No sabría fijarlo en el tiempo, y es por ello que preciso de un cajón de sastre fabricado para recuerdos… cuando, en un baúl llamado “Infancia”, un niño como otro cualquiera; alguien muy querido y especial para este humilde narrador y pobre poeta; el mismo que hoy empuña este bolígrafo que tarde o temprano perderé… sentado frente al televisor viendo una gran película, concibió un gran sueño: nació en él el concepto fantástico y a la vez real de vivir mil y un aventuras (17/06/14). Preso de esa irrealidad, los años forjaron férreas ideas acerca de un estilo de vida difícil de entender; pues cuando el mundo gira en un sentido, es difícil hacerlo en el contrario y pretender arrastrar al mismo planeta. Eso, sería algo que tardaría mucho en darse cuenta.

Un lunes 3 de Febrero, mi mirada se dirigía a la encrucijada que resolvería grandes preguntas. Turquía – dijo “Nadie” – Turquía – dije (24/06/14). Fue entonces el final de una anunciada despedida; exactamente cuando las lágrimas de un padre precedieron al adiós de un hijo. Tras el control de seguridad, no existían más compañeros. Sólo la mochila y mis pasos hacia un mundo nuevo; un mundo que a veces se resiste, o que al menos intenta dejarnos fuera de juego (16/02/15). Había empaquetado miles de recuerdos, en contraste con el escaso volumen de equipaje. Sentí nostalgia; preocupación… e incluso miedo ¡Cuán raro se hacía viajar sin fecha de regreso! ¿Acaso no debía estar acostumbrado al hacerlo frecuentemente con mis sueños? ¿O es que verdaderamente volaba cuando habían aterrizado, por vez primera, todos ellos?   Turquía – dijo “Nadie” – Turquía – dije. Turquía es viajar al alba, mas sin embargo se hizo de noche. Pero ¿he de contar esto ahora, o quizás sería mejor contarlo en el capítulo venidero?

¿Qué tendría reservado el tiempo? (16/02/15)


Daniel Villanueva
Fotografía. Pensamiento 1:
 Y vi a través del cristal; o tal vez fue a través de un espejo…
 el pueril resultado del cuerpo ¿qué hay en él si no existen emociones?
 ¿Cómo se sienten? ¿Se auto-condicionan? ¿Pienso demasiado?

viernes, 14 de marzo de 2014

Farewell

So close after this turn of life
You look behind, with sorrow.
Real tears under chains dreaming with your eyes
Saying farewell from the hollow.

No one expected to take your hand
When time wants to break it all.
I used to trust but in this hell
I refused to believe in any god.
You gonna fight but in this sand
Fate sinks your stronger hope.
You renounce; this is the end
Of a question: only there’s a road.

No one expected to take your hand
When time wants to break it all.
I used to trust but in this hell
I refused to believe in any god.
You gonna fight but in this sand
Fate sinks your stronger hope.
You renounce; this is the end
Well you know ¡Rest!
Tomorrow starts again your road

There’s a dreamland
You fight to reach the doors,
Is not enough; Is not enough.
Force is weak now
You climb under a waterfall
Is not enough; Is not enough
¡Come on! 

Long time you left the lake
Our ilusion; our hopes.
From the river I guess see the dead
Tonight.



Daniel Villanueva
13/03/14

miércoles, 12 de febrero de 2014

Those Years

  Cuánto puedo alegrarme al poder mostrar la poesía convertida en música. Si bien la batería ha sido y será mi instrumento principal, esta vez dejé las baquetas sobre la caja para sentarme tranquilamente frente a una guitarra acústica y dejarme llevar por un mundo de acordes y de melodías. 

 Espero que disfruten de este viaje; un viaje que promete regresar no es formato single, sino como álbum. Y sin más palabras, espero que disfruten de esta canción: Those Years ...


Rainy nights
Silver rays riding the sky;
In the sand
Grains extinguish all the light.
See this clock!
See some mountains covering lifes.
Heavy rain,
Burying us like tides.

But this curse always black-dressed by our eyes
It got small because sometimes we rise
Up to the hill of memories and dreams;
A paradise, thanks to you I’ve seen.

Up, to the stars
I left my leyend high,
My friends, some pieces from my heart…
Today lovely I recall.
Don’t mind your scars,
They remember what you’re;
The way you found your Neverland
And the matter of your goals.

Tell me life
How to change what I did wrong?
If after all
I’ll find again love.
Photographs,
Buried to come back in time.
A rain of tears
Drowning all inside of my…

Memories, that coming back to stay alive;
From all those years, when you were mine.
Now today this black & white vision just face
The paradise, we abandoned with hate.

Up, to the stars
I left my leyend high,
My friends, some pieces from my heart…
Today lovely I recall.
I’m sure that now
Will be hard the way I walk
The path to found the Neverland
And the meaning of my goals.
Daniel Villanueva
22/04/13 - 06/08/13

 Those Years, por Daniel Villanueva: descargable en las principales plataformas digitales de descarga musical: I-tunes, Google play, Spotify...