viernes, 14 de marzo de 2014

Farewell

So close after this turn of life
You look behind, with sorrow.
Real tears under chains dreaming with your eyes
Saying farewell from the hollow.

No one expected to take your hand
When time wants to break it all.
I used to trust but in this hell
I refused to believe in any god.
You gonna fight but in this sand
Fate sinks your stronger hope.
You renounce; this is the end
Of a question: only there’s a road.

No one expected to take your hand
When time wants to break it all.
I used to trust but in this hell
I refused to believe in any god.
You gonna fight but in this sand
Fate sinks your stronger hope.
You renounce; this is the end
Well you know ¡Rest!
Tomorrow starts again your road

There’s a dreamland
You fight to reach the doors,
Is not enough; Is not enough.
Force is weak now
You climb under a waterfall
Is not enough; Is not enough
¡Come on! 

Long time you left the lake
Our ilusion; our hopes.
From the river I guess see the dead
Tonight.



Daniel Villanueva
13/03/14

miércoles, 12 de febrero de 2014

Those Years

  Cuánto puedo alegrarme al poder mostrar la poesía convertida en música. Si bien la batería ha sido y será mi instrumento principal, ésta vez dejé las baquetas sobre la caja para sentarme tranquilamente frente a una guitarra acústica y dejarme llevar por un mundo de acordes y de melodías. 

 Espero que disfruten de este viaje; un viaje que promete regresar no es formato single, sino como álbum. Y sin más palabras, espero que disfruten de esta canción: Those Years ...


Rainy nights
Silver rays riding the sky;
In the sand
Grains extinguish all the light.
See this clock!
See some mountains covering lifes.
Heavy rain,
Burying us like tides.

But this curse always black-dressed by our eyes
It got small because sometimes we rise
Up to the hill of memories and dreams;
A paradise, thanks to you I’ve seen.

Up, to the stars
I left my leyend high,
My friends, some pieces from my heart…
Today lovely I recall.
Don’t mind your scars,
They remember what you’re;
The way you found your Neverland
And the matter of your goals.

Tell me life
How to change what I did wrong?
If after all
I’ll find again love.
Photographs,
Buried to come back in time.
A rain of tears
Drowning all inside of my…

Memories, that coming back to stay alive;
From all those years, when you were mine.
Now today this black & white vision just face
The paradise, we abandoned with hate.

Up, to the stars
I left my leyend high,
My friends, some pieces from my heart…
Today lovely I recall.
I’m sure that now
Will be hard the way I walk
The path to found the Neverland
And the meaning of my goals.
Daniel Villanueva
22/04/13 - 06/08/13

 Those Years, por Daniel Villanueva: descargable en las principales plataformas digitales de descarga musical: I-tunes, Google play, Spotify...


martes, 31 de diciembre de 2013

Ser o estar (Valoraciones de un año 2013)


 No he estudiado una carrera de filosofía; tampoco cualquier tipo de filología... y es por esa razón que hasta hoy nunca me paré a pensar en ello ¿Por qué los primeros verbos que estudiamos (en cualquier idioma) son el "ser" y el "estar"? Valga mi atrevimiento si el tercero es el "ir". Cualquier ente superficial sería incluso capaz de advertir que son los tres más usados; tanto que ya están presentes en este ensayo. Mas cuán profundo son ellos...

 Todos, al mirarnos al espejo y percatarnos de nuestra existencia, somos conscientes de muchos de los lugares y situaciones en las que estamos; de todo cuanto somos. Y a veces... es el pretender ser el que nos hace ir, sin saber si estamos o somos. Es más: su frecuencia es mayor de la que esperamos ¿Sabrías responder quién eres? ¿Sabrías decirme dónde estás? ¿Hacia dónde te diriges? ¿Es tu ser o la proyección de tu ser? ¿Donde vas? En este puzzle sólo se me ocurren dos palabras para globalizar este esquema en la lección de idiomas:

 - Soñar: el detonante que nos impulsa a viajar para estar donde queremos y confirmar que somos como suponemos.
 - Experiencia: ese temible corrector ortográfico que al escribirse, a través de ella se filtran o modelan los sueños. Daría miedo profundizar en ella, pues ¿no serán los sueños más que un artificio de la experiencia? ¿Seríamos entonces artificio? ¿Estamos entonces donde deberíamos?

 Hundido en la primera, y espero última, gran depresión, una psicóloga me dijo que en la vida afrontamos ciertos puntos encrucijada: unos puntos temibles, donde la vida puede llegar a ser una auténtica incertidumbre y es frecuente que todos aquellos que lo pasen se vengan abajo. Por aquel entonces, todo cuanto se había empezado a escribir no era más que el prólogo a la rotonda donde se encuentran múltiples y múltiples salidas. Aquellos días de depresión coincidían con el plano del primer cartel: un esquema tan falso como definido, pero imprescindible a la misma vez ¿Qué camino escoger si realmente no se sabe el rumbo? O mejor dicho: cómo hacerlo, si realmente buscas descubrir varios. A punto de escapar de la glorieta, soy consciente que las calles, avenidas o autopistas sólo son una selección de grados de los 360 posibles; más da igual qué camino escojas, que no necesariamente puedes llegar al destino deseado: el camino puede estar mal señalizado; el coche puede estropearse; la carretera puede venirse abajo. Todo es cuestión de probabilidad: que algunos lo hayan conseguido no quiere decir que tú sí. Y también ¿Es necesario pasar por ciertos puntos para alcanzar lo deseado? ¿Qué hacer cuando ves un camino dibujado y sin embargo observas una radiante señal de trafico indicando la prohibición de su paso?

 Un día un niño quiso ser aventurero: por suerte pudo vivir mil y un aventuras, pero su sed de más le hacían y le hacen seguir buscando mundos y retos nuevos; otro día este niño, más bien adolescente, descubrió la banda sonora que recorrería los fotogramas de su película. Absorto en la música quiso convertirse en pista de audio; mas qué difícil es ser música cuando alrededor todos demandan una imagen. 

 También, en ese camino pudo descubrir el amor ¡Amor verdadero! ¿Es necesario explicar más el significado de esta palabra? Hace mucho tiempo en Europa, ancestrales pueblos paganos se reunían en lo alto de una montaña nevada para poder despedirse del frío y mortal invierno, más recibir a la próspera y vital primavera. Así este resurgir mágico madura en un cálido verano que cederá irremediablemente al otoño. Las estaciones unos años son más largas y otras más cortas. Dependen también de la región sin duda: no todas las estaciones son iguales en cualquier lugar. Pero el otoño... 

Otro día un sabio, no el primero que llegó a pensar esto (pues tampoco yo he sido el primero en divagar acerca de aquello que escribo)... vino a recordarme; o mejor dicho a aclararme la gran realidad del invierno: "nacemos con todo... y poco a poco, vamos dejando por el camino objetos, valores y personas, hasta que somos nosotros mismos, los que... con mucho, poco o nada... nos levantamos y nos marchamos ¡Qué sano, pero difícil es, el poder aprender a despedirse de las cosas!"

 En el año después de haberme despedido de uno de los seres más preciados, 2013 ha sido un periodo de próspera e inquietante calma. El centro de la tormenta tal vez; o el inicio de la reconstrucción del nuevo pueblo. Es 2013 el año de grandes vivencias personales; de grandes hazañas musicales. No es necesario decir que en la escala de valores comerciales mi vida no ha repercutido en nada; pero ¿quién quiere venderse? Si ese joven un día fue infiel con su pareja, ese otro amor era el incondicional por los otros caminos que tanta atención le llamaban: su banda sonora, a veces sin pista y nunca con disco. La amistad sana, sin miedos ni condiciones. Su verdadero amor no era una mujer malvada ¡Nada de eso! Simplemente no era la mujer adecuada; no era quizás el momento indicado. Si bien fue duro el recibimiento de aquel invierno, aprender a poder despedirlo fue tan tardío como necesario.

 ¿Qué poder esperar de 2014? La radio muestra interferencias; posees una caja con mucho amor, que sin embargo se tambalea en el asiento trasero del descapotable, cuando los baches más acechan; el giro de volante es inminente, y si bien no sabes donde realmente te lleva el camino... es tu pulso y la confianza en saber dirigir el volante los que te hacen continuar sin dudar. 

 Tal vez ésta sea mi primera lección de idiomas en Turquía: la diferencia entre ser, estar e ir; sus pros y sus contras. Saludos y despidos. Experimentar, soñar... y el significado de una palabra más: la esperanza. 

 Feliz año nuevo; feliz nuevo ciclo. 


 Daniel Villanueva
31/12/13
Sin realmente saber si éste es uno de los pocos ensayos que hago,
o todo lo que he escrito, compuesto y tocado hasta ahora...
no ha sido más que un ejercicio de lo mismo. 

jueves, 31 de octubre de 2013

Toc


Quería el loco proseguir con su fantasía;
Soñaba él, que el amor nunca se extinguiría
“¿Gira ese tiesto?
Da igual;
Volverá a su puesto.
Tic, tac, toc
Tic, tac, toc”
Tanto martillearon los segundos en el espacio y en el tiempo,
Tantas veces las manecillas giraron
Que, absorto en su peculiar locura,
Una vez se pararon,
Lo que el loco pudo escuchar...
Sólo fue el eco.

¡Sólo fue el eco!
Luego su imaginación;
Luego su ego.

Tic, tac, toc.
Tic, tac,toc.
Tic, toc.
Tac…


Daniel Villanueva

06/08/13

jueves, 26 de septiembre de 2013

The Second Exploration. Capítulo VIII. Desnudos (Último cabo)


 El Sol proyectaba los últimos rayos de luz en la agitada barriada de Montmartre. Frenéticos, los comerciantes, desempleados, artistas y otros parisinos deambulaban por sus calles aparentemente sin norte. Semejante caos, cual hormiguero en situación de alarma, resultaba ser una completa pesadilla a la hora de pretender alcanzar con la vista a quien estaba siguiendo.

 El Maître, un prodigioso anciano de blancos cabellos y barba bien cortada, no hizo más que sorprenderme con su gran habilidad a la hora de sortear viandantes. Cuán ridículo me pareció darme cuenta de ello, ahora que me observaba desde una tercera persona y en sueños. Claro que ¿sería aquel don producto exclusivo de mi imaginación? Mientras esquivaba torpemente a los peatones que mi otro yo había evitado con facilidad, me percaté de otra pregunta aún más vital e importante ¿Cómo saber si la historia de Marié era cierta o irreal? ¿Sería sólo un producto más del sueño? ¿Una fabricación onírica? ¿Cómo era posible reflexionar tan sabiamente en el inconexo mundo onírico?

 - ¿Por qué se detiene? – me preguntó el doctor, más allá del sueño. Hacía mucho tiempo que no me había dirigido la palabra a lo largo de todo este viaje de cosechas de historias.
 - Ficción – respondí - ¿Cómo saber si todo esto es cierto?
 - ¡Calle! – exclamó el psicólogo - ¿No ves que le observan? – No se equivocaba; numerosos ciudadanos se habían detenido también en seco, contemplándome fríamente.
 - Creo que piensan que estoy loco – susurré.
 - Suerte tienes – añadió el doctor desde el más allá. Tras aquellas palabras, toda la calle miró al cielo, quedando desconcertados ¿Acaso habrían escuchado también aquellas palabras? Aún así, sus vidas resultaron serles más importantes. Dentro de la ficción se sentían reales… y la realidad, pronto les obligó a continuar con sus destinos hacia delante, generando el mismo caos de peatones, coches y carruajes, que habían ocasionado antes.

 Mientras tanto, el Maître había logrado distanciarse enormemente. Tras abandonar la rue Veron y girar hacia la izquierda en la rue Lepic, bien tuve que correr para no llegar a perderle para siempre. Tal como esperaba, tras alcanzar la esquina que antaño mi otro yo había tomado, todo cuanto pude ver fue un mar de incontables cabezas. Necesité un tenso minuto de frenética búsqueda para encontrar mi cabellera, la cual desaparecía entre el bullicio para girar y perderse por un callejón – El callejón de la rue Lepic – exclamé.

 - ¡Corra! - gritó una voz en el cielo, la cual asemejé a la del inspector Ivanov. Así hice, situándome justo en la entada de aquella ratonera. Nuevamente mi “yo recordado” había conseguido escabullirse entre una multitud de espectadores y artistas; entre carteristas y comerciantes; entre pintores, anticuarios y ebanistas. Aquel angosto rincón de París era muy afamado por la venta de cuadros, el mercado ambulante y la representación de pequeños espectáculos y obras teatrales. Atraídos también por la muchedumbre, no eran pocos los diferentes tipos de ladrones y timadores que se daban cita todos los días. Sólo se ausentaban los más peligrosos de todos ellos: los políticos… si bien ellos eran los únicos que no necesitaban toparse con nadie para poder robar. Fuera como fuere, el mero hecho de encontrarme me resultaba casi imposible.
 - ¿Cómo distinguir a una hormiga en un hormiguero? – suspiré desalentado.
 - Apártese – exclamo alguien situado tras de mí. Sin tiempo para reaccionar, sus fuertes brazos me apartaron de su camino, haciendo que cayera al suelo. Le maldije, mas mis palabras no surtieron efecto. La blanca gabardina que le ocultaba marchaba a toda prisa a base de apartar a los viandantes con la misma violencia que había hecho conmigo. Fue entonces, al reincorporarme gracias a la ayuda de un joven, cuando pude advertir a escasa distancia de semejante cretino al Maître.
 - Buenas tardes, señor – dijo el cretino a mi otro yo. El Maître parecía distraído observando un escaparate, cuyo contenido no podía vislumbrar desde mi ubicación. Tras girarse y contemplar al caballero de la gabardina, algo debió ver en él que no le gustó demasiado. 
 - Quizás deba disculparme – contestó mi otro yo - ¿Nos conocemos?
 - Sí; ahora sí – respondió violentamente.
 - ¿Qué es lo que desea? – preguntó el Maître con mayor inquietud.
 - Su juventud.
 - ¿Cómo dice? ¿No ve al anciano que tiene enfrente? – dijo el “yo recordado” con sarcasmo. Todo cuanto sucedió tras esto, transcurrió con gran celeridad. Sin mediar más palabras, el hombre de la gabardina se abalanzó sobre el Maître, sujetando con fiereza el hombro derecho del anciano, mientras que con su mano diestra palpaba el corazón del Maître. Una extraña luz comenzó a fluir y a introducirse en la mano del agresor; una luz que no podía describir.
 - Calma; calma – Decía el hombre de la gabardina – decía casi susurrándole – No debe mostrar miedo; o tal vez sí – corrigió el agresor – No olvide que frente a usted tiene al mismísimo William Nightmare.
 - ¡Guardas! ¡Al ladrón! – gritó un dependiente, señalando al temible caballero, quien había conseguido dejar inconsciente y tumbado al Maître. Salvo el dedo acusador del comerciante, nadie estaba dispuesto a delatarle, ni mucho menos a detenerle. El pánico cundió al instante en las calles, donde todos comenzaron a huir despavoridos. Lejos sonaban los silbatos de la gendarmería, la cual luchaba sin suerte a contracorriente de la aterrorizada marabunta. Tras unos segundos de tremenda confusión, sólo destacábamos cuatro figuras en el escenario: dos con rostro idéntico; el mercader acusador y aquel hombre de inquietante rostro.

 Al verme, todo cuanto pude sentir era un profundo pavor; el más arraigado de los miedos, actuando cual gas paralizante.
 - ¿Dos en vez de uno? – preguntó William con gran sarcasmo.
 - ¡No se quede ahí parado! – gritó el comerciante - ¡Corra! – dijo, mientras trató de atizar con una escoba al señor Nightmare. La suerte estuvo de parte del villano, quien atrapó sin dificultad la misma escoba y devolvió el golpe al mercader, derribándolo igualmente al suelo.
 - Eso es – dijo William con malicia – ¡Corra! – No hizo falta nada más para que le hiciera caso. Al igual que en las más temibles pesadillas, mis piernas se volvieron de plomo, más la huída fue lenta y angustiosa. Por doquier yacían decenas de ciudadanos, que en la huída habían caído, e incluso habían sido pisoteados. Pese a mi tremenda torpeza, con cierta suerte pude incluso infiltrarme entre la multitud, la cual seguía huyendo a toda prisa. Aún así, Nightmare siempre conseguía mantener la misma distancia, bien le atacaran o bien se topase con varios caídos que le obstaculizasen. No era demasiado corpulento ni tampoco el más alto y fuerte; mas si había que responder, sabía cómo hacerlo, y entre todos los presentes, era el más ágil.


 Sus manos cada vez se encontraban más cerca; su respiración cada vez era más perceptible. Sin duda alguna aquello no era un sueño; era una pesadilla.

Daniel Villanueva
05/09/13